Crianças brincando na rua
Corría el año 1981, era el Primero de Mayo, y la fortuna quiso que yo llegara precisamente ese día a Cajatí. Una villa del estado de San Pablo que pertenecía al municipio de Jacupiranga. Allá en Brail (algunos años después Cajatí se tornaría municipio independiente) En la plaza, al lado de aquella iglesia, hecha de tapial por los esclavos afroamericanos, estaba la casa parroquial donde yo vivía con los compañeros Brasilio y João Desiderio para sustituir a Pedro Leite que se encontraba en Caxias do Sul en un curso de formación sobre la Teología de la Liberación, muy viva en aquellos tiempos. Y entre las muchas personas que me acogieron hoy quiero hacer presentes a dos. Uno es el médico Dtr. Eduardo Nakamura, que fue el que me hizo de chofer y de presentador en aquel Primero de Mayo. Lo recuerdo como si fuera hoy. Llegamos a un local que estaba en construcción era la iglesia (el templo) que se estaba haciendo con el esfuerzo de la comunidad y con la ayuda de un dinero que les llegaba de España... En ese lugar maravilloso con una máquina de cine de Super 8, el doctor Eduardo proyectó la película titulada “A luta do Povo” presentaba la historia, vida y muerte del sindicalista Santos Dias da Silva, que había muerto durante una manifestación a favor de mejoras para su pueblo en aquellos tiempos de la dictadura militar... en plena plaza, mientras se manifestaban pacíficamente, un policía le dio un tiro a bocajarro y murió en el acto.
El doctor Eduardo murió de cáncer hace pocos años, pero siempre recuerdo aquel momento tan importante en mi vida, el Uno de Mayo cuando se cumplirán 30 años. Y es que ese amigo, hijo de japoneses me cautivó desde el primer momento. Padre de dos niñas y dos niños intentaba que todos los niños y niñas de la región vivieran y crecieran con salud. Y así nació el proyecto que hoy apoyamos desde la asociación ALBA: CRIANÇA VIVA.
A la semana siguiente, fui invitado a una reunión con gente creyente. Allí estaba Dna Dina era la coordinadora de la catequesis parroquial y maestra en la escuela primaria. ¡Que entusiasmo me transmitió aquella mujer! Al salir de la reunión vino a decirme “Espero que se encuentre bien entre nosotros... necesitamos gente que nos ayude a comprender la realidad y por lo que he oído usted está con ganas de acompañar –as lutas do povo-”
Dona Dina también se despedía este viernes, el 14 de enero y se nos iba a la Eternidad, después de haber luchado varios años contra un cáncer que le arrebató la energía y la vida pero no la sonrisa.
Profesor Celso , Dona Dina y Aninha
En ellos en la comadre Dina y en el compadre Eduardo quiero decirle al mundo gracias. ¡GRACIAS a la vida, que me ha dado tanto! Y a sus gentes amigas y hermanas: los luchadores por un mundo mejor, los trabajadores del campo y de la ciudad, de todos esos rincones del Vale do Ribeira, donde, todavía hoy, yo siento que el mundo tiene remedio. Que es posible la solidaridad, que es posible el crecimiento y la transformación de las realidades, por medio de la lucha y el esfuerzo de las gentes, de los pueblos. Los habitantes de los quilombos, las comunidades indígenas tupis-guaranies, los venidos de tantos lugares del mundo, la colonia japonesa que ya cumplió cien años en Registro, los italianos, portugueses, españoles, polacos... que han ocupado aquellas tierras tan fecundas. Los originarios Caisaras nacidos en aquella parte de nuestra madre tierra; a todos deciros, desde aquí desde este lado del mundo, desde la vieja y cansada Europa: GRACIAS, porque me habéis enseñado a vivir la fraternidad universal, porque me habéis hecho recorrer estos 30 años apostando por la vida. Por una vida mejor. Y sobre todo porque me enseñasteis a poner en práctica una vida vivida con sabor a Evangelio.
Dina, Eduardo “comadre-compadre” muchas gracias por esa sonrisa manifestada desde la Eternidad.